
la letra muda huyó de mi abecedario...
lejos de esas extrañas palabras
que la aprisionaban, la acorralaban y la querían controlar...
a esta letra la tomé prestada alguna noche de enero
en un tiempo lejano,
la tuve como rehén durante varias estaciones
y la coloqué en todas mis palabras escritas e imaginadas,
la robé para mis frases, mis canciones y poemas
sin que ni siquiera se diera cuenta
inventé con ella todo un nuevo idioma,
y –en mi apresurado afán-
rompí sin parar
todas y cada unas de las reglas de caligrafía, ortografía y sintaxis...
así, terminé escribiendo fábulas desconocidas y raras palabras,
de esas que no aparecen en los diccionarios...
la letra sin nombre no habló para mi,
hasta hoy no conozco su voz de protesta,
es más, hasta hoy no he escuchado ninguna de sus voces,
todo el tiempo permaneció ausente
sumergida en una burbuja impermeable
ella, sin saberlo,
se dejaba escribir en todos mis mensajes,
era el principio, el medio y el final de mis nuevas palabras,
escribió silenciosamente las historias de mis primaveras y otoños
y mientras yo transitaba
por los mágicos e increíbles mundos inexplorados de la escritura,
ella seguía ahí, calladamente...
así la recuerdo hoy, sin voz...
y sonrío otra vez...y vuelvo a sonreír
y sonrío otra vez...y vuelvo a sonreír
su silencio lo decía todo
su naturaleza era la que estaba hablando en todo este tiempo...
