Mientras caminaba, siguió pensando, haciendo cálculos económicos, hablando sola, como es costumbre, dando diez mil vueltas a todo antes de tomar la decisión. En sus adentros ella bien sabía a donde realmente quería ir y en que esquina del mundo estaba la medicina para la naturaleza de su ser, dónde podía finalmente desconectarse de la rutina, de los celulares, de las computadoras y los ruidos diarios...
Cuando llegó a casa, buscó la pequeña mochila gris que le gusta, cogió algunas ropas, su cámara fotográfica, rompió el chanchito celeste y partió rumbo al paraíso. En el taxi agradecía alegremente el invento de los fines de semana y los feriados en los que tienes permiso en tu agenda personal y puedes elegir que hacer y que no hacer...
Así, luego de 8 horas de viaje, al llegar a la primera parada, inmediatamente tomó otro auto que a velocidad máxima, en dos horas más, recorrió las carreteras de asfalto y tierra. Lastima que esta vez no pudo ir por tren y sentir esa explosión de sensaciones que te atrapan cuando viajas sobre rieles...
Durante el viaje ya el ambiente era perfecto. Un sol radiante, cielo celeste y nubes blancas la acompañaban.
Moya fue su parada final, uno de los 19 distritos de la provincia de Huancavelica situado a 3,162 m de altitud. Un lugar que no está en los catálogos turísticos del Perú -aunque debería estarlo- ni en las rutas de visita obligatoria. Un territorio que por sus encantos, su clima y sus pobladores quedan reservados para algunos, como en un acto de complicidad que mantienen los que lo visitan. Son ya conocidas las personas que año tras año se dan cita en Setiembre -mes de fiestas y celebraciones- y quedan fascinados con este lugar privado al que puedes escaparte de vez en cuando para oxigenar tus pulmones y visitar cada unos de sus atractivos en pocas horas: Huachacora (donde se puede tomar agua mineral con las manos), el criadero de truchas de Hojororo (donde desayunas, almuerzas y cenas al natural: unas truchas frescas y vegetales), las aguas termales de Sillana (donde puedes tomar un baño con aguas calientes del subsuelo), paisajes verdes, un rio hermoso, personas maravillosas, en fin...hay de todo...
Este lugar se quedó con algunas cosas de m y ella se llevó consigo mucho más de lo que esperaba. Quería vaciar su ser y deshacerse de esas emociones que fastidian y terminan por crearte inmensos nudos en la garganta. Quería renovarse, dormir descansando por algunas horas debajo de un cielo estrellado y recargar una a una las invisibles baterías de cada parte de su cuerpo. Necesitaba de un lugar tranquilo, de un lugar que inspire paz, equilibrio, armonía, de un escondite secreto en el que te refugias cada vez que sientes que estas dejando de ser tú para dejar que los demás sean, un espacio en el que tus sentidos se ponen de acuerdo para relajarse y disfrutar del momento. Lo logró otra vez!!! De regreso a casa ya sería una buena compañía para él, para ella y para ellos que la han visto ser “otra” en todo este tiempo...
El viaje de aventura valió la pena, háganlo de vez en cuando, escápense a su lugar favorito, se sentirán súper.





